¿CÓMO RECONOCERLA?

El término disfunción eréctil, que también se conoce como impotencia, se refiere a un trastorno masculino que implica la imposibilidad de tener —o mantener— una erección durante las relaciones sexuales. Este trastorno está más extendido de lo que pueda pensarse, sobre todo porque muchos diagnósticos están «sumergidos» al no tender a hablar de él la mayoría de los afectados. Los datos epidemiológicos revelan que alrededor de 152 millones de hombres padecían este trastorno en 1995 en todo el mundo y, según las estimaciones, esta cifra podría aumentar a 322 millones en 2025. Como se ha mencionado, el síntoma principal de la disfunción eréctil es la imposibilidad habitual o repetida de tener o mantener una erección. Básicamente, hay dos tipos de causas de este trastorno: las causas físicas y las causas psicológicas. Las consecuencias son las mismas en ambos casos: la dificultad o imposibilidad de tener relaciones sexuales tiende a provocar baja autoestima, estrés, insatisfacción en la relación y empeoramiento de la calidad de vida. En un circulo vicioso, estos problemas pueden derivar en un empeoramiento de la propia disfunción eréctil. Si la disfunción eréctil es de origen físico, las causas son normalmente de tipo vascular y/u hormonal. El síndrome metabólico, que causa enfermedades vasculares y una deficiencia de testosterona, se asocia a menudo a la disfunción eréctil. Los factores de riesgo conocidos de la disfunción eréctil pueden ser genéticos o estar relacionados con el estilo de vida. Entre ellos se incluyen la diabetes, las enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, la insuficiencia renal, el envejecimiento, la obesidad, el uso de ciertos fármacos (en concreto, algunos tipos de quimioterapia y antidepresivos), el abuso de drogas y fumar. Algunos estudios recientes han demostrado que los hombres con disfunción eréctil pueden mejorar su actividad sexual si introducen los cambios adecuados en su estilo de vida. Por otro lado, los factores psicológicos son más habituales entre los jóvenes (especialmente entre los adolescentes en sus primeras experiencias sexuales) y están asociados principalmente a la ansiedad y temor al fracaso sexual, el estrés o los trastornos mentales como la depresión, la esquizofrenia, los ataques de pánico, la baja autoestima o los problemas de identidad sexual. Debe señalarse que no lograr o no mantener ocasionalmente una erección no es indicativo de disfunción eréctil. Dichos casos pueden deberse a varias causas, como estrés por la situación, una nueva pareja, miedo al embarazo, agotamiento por exceso de trabajo, cansancio, malestar o tener muchas erecciones y eyaculaciones en poco tiempo. Si ocurre esto, es importante no preocuparse: el miedo a no alcanzar la erección es un factor de estrés que puede provocar disfunción eréctil.

Lecturas recomendadas

  • Hatzimouratidis, K., Giuliano, F., Moncada, I., Muneer, A., Salonia, A., Verze, P., EAU Guidelines on Erectile Dysfunction, Premature Ejaculation, Penile Curvature and Priapism, European Association of Urology (2017) pp. 7-10
  • Kendirci, M., Nowfar, S., Hellstrom, W.J.G, The impact of vascular risk factors on erectile function, Drugs of Today (2005)
  • Mulhall, J. P., Jenkins, L. C., Nocturnal Penile Tumescence, in Mulall, J., Jenkins, L., Atlas of office Based Andrology Procedures (2017).
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